En el curso 1968-69 cursaba Cuarto de Primaria. No estoy muy segura y mi madre tampoco, si seguí estando en la escuela del Cristo y con la misma maestra. Es lo más probable, porque los recuerdos tan intensos de mi estancia en esa clase, son muchos. Tal vez, porque se produjeron a lo largo de tercero y cuarto.
En junio de 1967, había terminado tercero de Primaria, con unas buenas notas. El fin del curso dejó paso nuevamente, al verano. Días de playa y sol en la playa de la Higuerita, así recuerdo que la llamábamos. Una Playa de Matalascañas salvaje, a la que llegaba montada en ese autobús al que llamábamos "la Pachanga", desde el poblado de Acebuche. Me parecía una playa inmensa y recuerdo que había un par de chiringuitos. Tardes de juegos entre los pinos y olor a las ricas coquinas abiertas. Noches a la luz de la luna, con el sonido de los grillos. Muchas sensaciones, sonidos y sentimientos, que están aún en mis recuerdos.
Terminé mi primer lustro, como ya comenté, sabiendo perfectamente leer y escribir, gracias a mi maestra Anita Espina Pérez. Dice mi madre, que también me sabía las tablas de multiplicar de memoria, nombres de las capitales de algunos países...
Durante bastantes años me he preguntado: ¿por qué me gusta levantarme tarde y acostarme de madrugada?. La respuesta, creo haberla encontrado, a raíz de una conversación con mi madre, hace ya mucho tiempo.
Si alguien me hubiera dicho hace tan solo un año, que acabaría escribiendo sobre algo tan personal, me habría reído a carcajadas, mientras exclamaba un rotundo "NO".